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Preparar y acompañar la menarquia: Su primera menstruación.

Preparar y acompañar la menarquia: Su primera menstruación.

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Ha pasado el tiempo y vuestro bebé va creciendo. El día menos pensado, más o menos entre los 11 y 14 años, tu niña te dice que le ha bajado la regla. Llega la primera menstruación o menarquia y tienes ante ti una mujercita que te necesita y a la que has de acompañar en ese viaje maravilloso que es la adolescencia.Maravillas y Loreto pequeñas 300x213 - Preparar y acompañar la menarquia: Su primera menstruación.

Pero vayamos por partes. Yo quería centrarme en la adolescente chica, perdonadme pero es lo que tengo en este momento entre manos, sobre todo en cómo ayudarle a vivir su primera menstruación.

La adolescencia no es una enfermedad.

No “hay que pasarla” como si se tratase de un sarampión. La adolescencia es una fase de la vida absolutamente fundamental y maravillosa para poder convertirse en adulto. Ojo, que si no la pasa cuando le toca, la pasará más tarde cuando no toca, y eso sí que es tremendo.

Es un conjunto de oportunidades fantásticas para querer, así que por favor, no hagamos bromas ni hablemos de “los adolescentes” como de quien está pa yá, de forma despectiva.

Menarquia: ¡Qué gran noticia!

Cuando tu hija viene con la noticia de que le ha bajado la regla por primera vez, es importante que nuestra reacción sea positiva. Lo digo porque expresiones como “vaya rollo, hija, ya verás” y cosas parecidas, sobran. Por mucho que ella sepa del tema, es inevitable que sienta sorpresa, incertidumbre, que le surjan dudas. Y ahí hemos de estar nosotras para ayudarla a abrir este paquete.

Llevar una compresa en la mochila por si le baja fuera de casa, hará que no se sienta tan insegura.

Es una explosión de vida, quiere decir que todo va bien, que está creciendo, que ya puede ser madre, se le acaba de entregar el regalo más bonito y delicado de su vida, porque ser madre, implica muchas cosas. No sólo se trata del útero, sino del corazón. ¿Será su corazón fecundo? ¿Dará mucho fruto? 

Pero no podemos pretender solucionar problemas de adolescencia por primera vez en la adolescencia, quiero decir, que ha de haber un trabajo previo. ¿Y cuándo empezamos nosotras a hacer los deberes? Desde que nacen. Aprovechando los momentos de la vida cotidiana para educar en el amor, en la generosidad, en el pudor, en la solidaridad, en la justicia, en honradez, optimismo, sinceridad, laboriosidad, reciedumbre, prudencia….

Por esto hemos de pasar tiempo con nuestras hijas. Estar a tiro, para que cuando ellas (no nosotras) quieran hablar y preguntar, nos encuentren.

De los cambios físicos y emocionales que va a ir sufriendo mamá ya habrá hablado con ella en el momento que hayáis juzgado más oportuno, porque cada niña es distinta, y aunque tengas varias hijas con cada una irás viendo lo más adecuado, que para eso son tus hijas, y además no es un tema del que se habla una vez y ya está, no. Es un tema recurrente que iréis tocando cada vez. Pero una adolescente (por supuesto los chicos igual) no es sólo cuerpo y emoción. Hemos de amueblar su corazón.

Para ellas la verdad es que tener hermanas mayores que ya han pasado por ahí es una ventaja.Maravillas y Loreto mayores 300x225 - Preparar y acompañar la menarquia: Su primera menstruación.

Buscar momentos para salir solas a comprarle ropa, merendar juntas en algún sitio chulo o irnos a comer por ahí. Intenta no ser tacaña. Ve con ella a sitios que le gusten (que el criterio no sea que sea barato). Le enseñarás a reinar, a ser generosa.

¿Qué momentos del día a día podemos aprovechar para ir sembrando desde la infancia y que cuando llegue la adolescencia sea todo más sencillo para ella y nosotras? Vamos a ver unos cuantos. Seguro que esta lista la podéis alargar mucho más, porque como cada familia es única, se dan situaciones únicas.

Algo que a mí me preocupa y mucho, es la exposición que hacen muchas jóvenes, y no tan jóvenes de su cuerpo, de su intimidad, de su privacidad y me he dado cuenta que para ayudarlas a guardarse, a preservarse de los muchos peligros que esta exposición conlleva, también la vida cotidiana nos regala oportunidades para educar a nuestra niña. Esta virtud, se llama pudor, y aunque parece que suena un poco a rancio, no está para nada pasada de moda, y si no, echa un vistazo a las fotos que se comparten en las redes sociales, donde se da lo contrario, a ver si no te pone los pelos de punta.

El pudor es algo que viene con el ser humano aunque las expresiones de pudor en hombres y mujeres son distintas muchas veces.

Tiene mucho que ver con la intimidad, con la privacidad, por eso si le enseñas a guardar su intimidad, a no contar sus cosas a cualquiera, aprenderá a escoger bien sus amigos, `porque cuando le cuentas un secreto a alguien, depositas algo de ti en otra persona. También sabrá guardar secretos de otras personas, o secretos familiares como que su hermano de 7 años aún se hace pipí en la cama a veces. Le estás dando a tu hija un valor añadido como persona porque la gente sabrá que es de fiar, que es auténtica.

Cómo sentarse desde bien pequeña, sin que se le vean las braguita; o a no cambiarla de bañador a la vista de todos. Ponle la toalla alrededor.

Intimidad también para ducharse. Enséñale que se llama antes de entrar y que si hay alguien en el baño, no pueden pasar, habrán de esperarse un poquito. Esperar el turno, hacer pipí antes de salir (salvo una emergencia no hace falta que hagan pis en la calle), o beber agua antes de salir de casa (lo mismo, salvo que haga 40 grados de calor no necesitan beber por la calle), porque pueden aguantarse. Debemos enseñarles a hacerlo. Estaremos criando niñas fuertes que no están a merced de lo que el cuerpo les pide en cada momento. Cuando son pequeñas son cosas sin importancia, pero se aprende poco a poco.

El pudor hace referencia también al rostro, a cómo te relacionas, cómo miras. Los padres hemos de ayudar a los hijos a desarrollarlo. Tener vergüenza es estupendo, es un Pepito Grillo que nos marca dónde está el límite.

El pudor lleva implícito el no. Le enseñas a no banalizar la  sexualidad, porque no es lo mismo enseñar un codo que un pecho. La falta de pudor tiene su base en mostrarse para que el otro me observe. Pero el que observa tampoco tiene pudor, ojo, por eso hemos de enseñar a mirar.

Cuidar las lecturas de nuestros hijos y por supuesto las nuestras, o los programas de televisión que vemos como los realitys donde los protagonistas  muestran absolutamente todas sus intimidades sin ningún pudor, nos hace daño. Se aprende con el ejemplo, no lo olvidemos.

Que vean a sus padres besarse, abrazarse, discutir y perdonarse, eso, eso, es la mejor escuela de vida para nuestros hijos.

Así que fuera miedo a la adolescencia. A trabajar cuando son pequeñas, y si sabes rezar, hazlo mucho por ellas.

 

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