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¿Compartir habitación con hermanos tiene ventajas?

¿Compartir habitación con hermanos tiene ventajas?

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Compartir habitación entra dentro de la gestión del espacio, tema crucial a gestionar en casa porque toca mucho niño por metro cuadrado, y hay menos metros cuadrados de lo que nos gustaría. La casa tiene cuatro dormitorios, de los cuales uno es para los papás, así que en los otros tres duermen los once, y aunque pueda parecer una locura o que están hacinados, para nada es así. Lo que pasa es que es muy importante tener en cuenta su carácter y las afinidades que hay entre ellos a la hora de decidir con quién duerme cada cual, y la experiencia nos ha confirmado además, que compartir habitación con  hermanos tiene ventajas.

 

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Compartir habitación con los hermanos.

Los cinco chicos duermen en una habitación que era la antigua de matrimonio, con un baño dentro. Una litera de tres y una nido constituyen las camas donde duermen los 5 zagales. En la cama más alta de la litera triple duerme Vicente. Al principio sabíamos cuándo se levantaba de la cama porque oíamos un “toc” pues se daba un golpe en la cabeza ya que los techos no son altos, así que para evitarlo,le dijimos que se imaginase que estaba en el ejército de maniobras y rodara, como en las películas.

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Funcionó. Ya no se da. Su cerebro está a salvo.

.Las niñas como son seis, al principio dormían tres y tres, pero ahora cuatro y dos: los horarios son más homogéneos y no se levantan de mal humor porque “me quedaba un rato para levantarme y no paras de hacer ruido”.

Lo del reparto de habitaciones es importante, ya que en su dormitorio es donde ellos tienen su intimidad. No es sólo el lugar donde dormir

Es donde guardan sus cosas, es su cuarto. Por eso me planteo qué será mejor: si que tengan un cuarto para ellos solos o que lo compartan con algún hermano. Puede ser que el sentimiento de culpa porque no tenga cada uno su cuarto aparezca.

Es cierto que en el caso de no disponer de bastante espacio está claro, pero con independencia de que a la fuerza ahorcan, que decía mi abuela,(¡vivan las abuelas!) quizá no sea tan malo que compartan habitación, para empezar, porque la tendencia de todos es  ir a nuestra bola, que nos dejen en paz. Y esto es más difícil cuando no estás solo en la habitación.

Si tu hijo ha tenido algún problema que no te quiere contar en ese momento, como tiene a sus hermanos con él, es más fácil que lo hablen entre ellos y que puedan ayudarle. Ellos llegarán donde tú no puedes, porque no es que no llegas porque tienes un número elevado de hijos o porque no seas buen padre, no, es una cuestión de naturaleza humana, porque siempre hay rincones del corazón a los que los padres nos toca no llegar, así, que tranquila.Esas conversaciones de alcoba no tienen precio.

Compartir habitación les ayuda a generar un ambiente de confianza entre ellos que a lo mejor no lograrías de otro modo.

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Además tienen que aprender a compartir el armario, a respetarse el sitio, a no encender la luz cuando quieras, es decir, es una escuela para aprender a querer y respetar al otro… ojo, con sus rarezas, que todos tenemos rarezas.

Lo que creo que es muy importante tanto si duermen solos o no, es poner el cuarto muy bonito. Que estén a gusto. La belleza y el orden son algo que les va a ayudar a crecer bien, y esto, hay que educarlo.

Si tienes sólo un hijo, es estupendo poner una cama supletoria por si vienen amigos a dormir. Cada circunstancia es cada circunstancia.

Es verdad que hay personas innatamente más ordenadas que otras o que tienen un sentido del gusto más desarrollado (sobre gustos no hay nada escrito, pero el buen gusto se tiene o no se tiene), pero esto, también se puede aprender.

Facilitar esto es cosa nuestra. Enseñarles a recoger, a guardar, a cuidar las cosas sin que estas sean un dios (si se rompe el coche de bomberos no nos rasgamos las vestiduras, porque sólo es un coche. Ten más cuidado la próxima vez y ya está), estamos educando muchas cosas, por ejemplo, la sobriedad.

A los niños no les sirven mucho los discursos, ellos aprenden con signos, con lo que ven.

Compartir el cuarto, si, pero ¿la cama?

Cuando llega un nuevo miembro a la familia, es normal que haya que hacer reajustes: en la economía, los horarios, el descanso…. pero sin perder de vista que lo principal, el centro de gravedad, llueva o truene, son los padres y después viene todo lo demás.

En medio de la vorágine que supone la llegada del bebé, como podamos, hemos de encontrar momentos de intimidad con nuestro cónyuge. Que el niño duerma en su cama, lógicamente, es necesario para esto. No hablo, por supuesto del bebé lactante (bebé lactante, no niño lactante, pues este no mama a demanda), que evidentemente dormirá con los papis.

El niño no puede nunca ocupar el lugar del padre. En la cama tampoco. Las relaciones conyugales con la vida, la edad, los horarios de los niños, nuestros propios horarios…. se van complicando. Son fundamentales para el matrimonio, y hay que defenderlas a capa y espada. Si el niño que podría dormir en su cama está en la tuya, francamente no tiene ni pies ni cabeza. La situación se prolongará y no le ayudamos a crecer (o a madurar) emocionalmente.

El amor de los padres es lo que da seguridad a los hijos.

Mucho más que ninguna otra cosa.

 Si queremos que aprendan belleza, tendremos que mostrar belleza.

A lo mejor es momento de revisar las sábanas, las toallas, o las colchas. Porque hay una gran diferencia entre austeridad y sobriedad. Podemos tener un número de sábanas razonable, a lo mejor tenemos de quita y pon, pero no cada una de su padre y de su madre porque nos dé pena tirarlas, sino que la sobriedad, virtud que nace del autodominio y da a luz el señorío sobre las cosas, nos mueve a reponer sin malgastar pero señoreando, a poner quizá las sábanas todas iguales, a pintar la habitación, a colocar un cojín en la cama que queda ideal con la colcha, a deshacernos de lo que está ya pasado….esto dará lugar a otro bien mayor que es la virtud de la generosidad.

La sobriedad no es perfecta por tener poco. La sobriedad se confirma en la persona generosa. No se puede ser sobrio a solas. Contener los deseos no es sobriedad. Lo que da la medida de mi tener es la medida de mi dar.

Y a ser sobrio, generoso, respetuoso…. se enseña viviéndolo. Y esta circunstancia que aparentemente es un rollo porque tengo poco espacio, resulta que se ha convertido en una oportunidad.

Cada uno sabrá cómo, porque cada familia es única, pero para que amen la casa, para que estén a gusto en su cuarto aunque parezca una boca de metro, hay que hacer que sea “amable”, es decir: “fácil de amar”.

Ser realista con los horarios de tus hijos también te ayudará a poner el mobiliario adecuado, es decir, que para el niño de 5 años no tienes que buscar dónde colocar una mesa en su cuarto, porque los deberes seguramente los hará contigo en la cocina. Sí necesitará sitio para ordenar los juguetes y jugar

Si ponemos perchas iguales y adecuadas al tamaño de cada prenda, por ejemplo, ayudará seguro a tener el armario más ordenado.

Cajas bonitas para almacenar también les ayudará. Pinta el cuarto, si es posible, del color que les guste. Si es lector, ¿por qué no le pones una lamparita al lado de la cama?

Etiquetando los cajones y estantes, con el nombre o la foto de lo que contienen, les facilitarás mucho las cosas a la hora de guardar. Una cosa para cada sitio y un sitio para cada cosa.

Al final, lo importante es que se sientan queridos, no importa si duermen en literas o en camas sueltas, solos, o acompañados.

El cambio de temporada es estupendo. Aprovecha para tirar, donar….deshazte de lo que no te haga falta, de los “por si acasos”.

 

Y sobre todo, amar la propia biografía, la propia realidad.

 

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